CARACTERÍSTICAS DE LOS GERENTES INEPTOS EN LAS EMPRESAS.

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Para tratar este tema he decidido citar y traer partes del artículo escrito por el Dr, Félix Socorro, que además de escritor, es asesor y consultor gerencial, así como coach y mentor transcultural y ontológico. Es un reconocido conferencista internacional y sus obras se encuentran disponibles en Amazon.com.

El artículo que leerán fue publicado en 2005 en gestiopolis.com, pero aprovecho para informar que un libro que amplía su contenido estará próximamente disponible en Amazon.

Habla Felix Socorro:

Se debe entender por ineptitud la carencia de aptitud para una cosa, la inhabilidad e incompetencia, e incluso la muestra de necesidad o incapacidad para un algo en particular. Se es un gerente inepto cuando se es incapaz de aceptar sus limitaciones (pero puede saber que las tiene), de generar un ambiente grato e inspirador en el escenario laboral y cuando, de manera consciente o no, se induce a los subordinados a experimentar un sentimiento de rechazo o desaprobación.

Con esta expresión no se pretende ofender a nadie, se trata de una realidad a la que cualquier persona se expone, pues la falta de capacidad puede ser debidamente detectada y corregida en la mayoría de los casos.

Resulta muy difícil tratar este tema sin caer en la subjetividad, de hecho, sería contradictorio no hacerlo porque tales afirmaciones provienen de la percepción del gerente por parte de sus subordinados y, por supuesto, la percepción no es objetiva.

Sentenciar a un gerente de inepto depende de muchos factores, pero en algunos casos tales afirmaciones parecieran tener sentido, situaciones donde resulta evidente la ausencia de conocimientos prácticos e incluso teóricos de personas que poseen la responsabilidad de dirigir una unidad de negocios.

No es un secreto, los empleados se quejan en los momentos en que sienten que el supervisor no puede escucharlos. Las quejas van desde simples contradicciones hasta el efecto psicológico que genera saber que se está siendo gerenciado por una persona que no posee las competencias mínimas para hacerlo y que, en ciertas ocasiones, están por debajo de sus supervisados.

Se les valora porque son personas con una relación longeva en la empresa: El tiempo de permanencia en un mismo cargo hace suponer que lo manejan y conocen a plenitud y más aún si la operación fluye sin errores importantes o los mismos no son del conocimiento de los superiores.

No se les evalúa con objetividad porque están relacionados con el dueño o personas influyentes de la empresa: Son parientes, recomendados y vendidos como “buenos profesionales” o son individuos con los cuales existe alguna deuda “moral”, sentimental, política o de cualquier otra índole que obliga a mantenerlos en esos cargos. Usualmente ostentan algún tipo de experiencia que supone la asimilación de las operaciones por contraste.

La existencia de gerentes ineptos es una realidad y, en la mayoría de los casos, muestran las mismas características, algunas de ellas son:

Confunden la acción de gerenciar con la de gobernar: Un gerente capaz se involucra en la operación y busca la manera de facilitar el proceso haciendo uso del trabajo en equipo, en cambio el gerente inepto sólo exige soluciones desde su despacho estableciendo tiempos y especificando el contenido de los resultados sin tener la más mínima idea de lo que pide.

Siempre se muestran ocupados y carentes de tiempo: Un buen gerente organiza y administra el tiempo. Comprende y valora las necesidades de su equipo y está consciente de la curva del agotamiento mental y físico del personal y de la propia. Para un gerente inepto se requieren días de treinta y seis horas, todo es urgente y “para ayer”, les coloca a todos los procesos el mismo sentido de prioridad y se justifica señalando que “así es la empresa”, exige el triple de esfuerzo a su personal, los obliga a trabajar sin reparar en el tiempo.

Se muestran seguros ante su personal, pero nerviosos ante sus supervisores: un gerente inepto grita y vocifera ante sus subordinados, haciendo uso del poder que le confiere la posición, pero duda, vacila o calla ante el cuestionamiento que le realice cualquier superior.

Dependen de su gente: Los buenos gerentes conocen la operación, por lo tanto, ante una situación inesperada, son capaces de tomar las riendas de cualquier parte del proceso para que éste no se detenga. Los gerentes ineptos se dedican a justificar la ausencia de buenos resultados en situaciones donde el personal que ha asignado para una tarea en particular no asiste a sus labores. Depende de su personal para que el proceso se mantenga.

Sufren del “Síndrome de Anát”: Un gerente inepto vende las ideas que su personal le ha sugerido como suyas. En algunos casos piden que les envíen la propuesta o el desarrollo de un trabajo en formato electrónico y, tras algunas pequeñas modificaciones, las presentan a sus superiores como si fuera el resultado de su esfuerzo.

Son aduladores, serviles y exhibicionistas con sus jefes: Un gerente apto no necesita promocionarse dentro de la empresa, la calidad de sus resultados y el buen ambiente que produce su gestión son elementos suficientemente importantes para ser valorados y considerados por quienes lo supervisan. En el caso de los gerentes ineptos, siempre andan haciendo eco de lo que realizan, resaltando sólo aquello que considera valioso ante los ojos de sus jefes, a quienes atiende y complace de una manera servil, sin importar la imagen que se forjen ante sus subordinados. Frente a sus superiores se muestran incansables y dedicados.

Los buenos gerentes buscan el equilibrio entre la empresa y su personal, saben que sólo así se logran cosechar buenos frutos. Los gerentes ineptos, de manera constante y repetitiva, dicen a su personal que las cosas van de mal en peor y, por lo tanto, han de aceptar las condiciones que él les imponga en el ambiente laboral, pues de lo contrario estarían arriesgando sus empleos.

Un gerente apto maneja el estrés y la inteligencia emocional, escucha recomendaciones y promueve la creatividad y la innovación, en tanto que un gerente inepto constantemente se muestra malhumorado, se empeña en que las cosas deben hacerse como él lo dice y especifica el más mínimo de los detalles.

Ahora bien, y esto es quizás lo más importante, un gerente puede ser inepto para algunas cosas, pero mostrar una habilidad única y extraordinaria para otras, pues de lo contrario sería tan evidente su carencia de aptitudes que no duraría el tiempo suficiente en la empresa para poder clasificarlos. 

Estudian y ordenan las expectativas que sus superiores poseen de ellos y se las ingenian para quedar bien frente a ellos, sin importar el costo en el capital humano que ello genere. En la mayoría de los casos conocen sus limitaciones, se alimentan de las personas que pueden ofrecerles soluciones o ideas que posteriormente mostrarán como el fruto de su experiencia y reflexiones.

¿Cómo afecta al personal la presencia de gerentes ineptos?

Generan sentimientos de frustración; reducen la motivación y la pérdida del interés por el trabajo.

En personas con orgullo implosivo: se dejarán consumir por los sentimientos de frustración, desmotivación y desinterés dejando a un lado sus expectativas y sueños para aceptar sin reparos ser gerenciados por personas que carecen de la capacidad elemental para hacerlo. Se limitarán a expresar sus angustias, desacuerdos y opiniones en lugares seguros donde tales comentarios no lleguen a oídos de sus jefes para así garantizar su permanencia en el trabajo.

En personas con orgullo explosivo: fortalecerán sus metas y objetivos para alcanzar sus sueños, observarán la situación que experimentan como pasajera y se esforzarán por destacar y demostrar el manejo óptimo de la operación, sino pueden hacerlo en el mismo escenario procurarán su participación en otro.

Es un hecho cierto que un buen número de empleados no renuncian a la empresa sino al gerente de su unidad, lo que debe ser un punto de reflexión para todo aquel que posee personal a su cargo y que sabe, de alguna manera, que no está en condiciones de gerenciarlo.

Lo anterior es una de las causas por las que hay fugas de cerebros y buenos empleados en las empresas.

Agradezco personalmente la atención y la amabilidad que tuvo hacia mí el Dr. Feliz Socorro por haberme dado la posibilidad de publicar en mi Blog este articulo de valor, esperando que todos los que tenemos cargos gerenciales podamos aprender siempre más sobre la importancia de nuestras responsabilidades y poder ser un instrumento de valor y crecimiento para las empresas donde trabajamos y para nuestros equipos.

Autor: Dr, Félix Socorro, además de escritor, es asesor y consultor gerencial, así como coach y mentor transcultural y ontológico. Es un reconocido conferencista internacional y sus obras se encuentran disponibles en Amazon.com.